Hemos Marchado de Nuevo Elvira Arellano (English Version Follows - WE HAVE MARCHED AGAIN…)

May 4, 2017

 

Somos más fuertes que a veces pensamos.  Hemos logrado hallar nuestro lugar en los matrices de los movimientos de resistencia  incluyendo los de “Vidas Negras Importan” (“Black Lives Matter”), del acceso a servicios sanitarios, de la protección del medio ambiente, de los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, de la defensa de la educación pública, del derecho  del sufragio y otros. Ya no somos el hijastro colectivo de los movimientos, una causa que el Partido Demócrata acepta sacrificar a cambio de otras concesiones.

De hecho la declaración de ciudades santuarios, de la no cooperación con leyes y políticas injustas, se ha convertido en un modelo para otros movimientos de resistencia. Como es el caso en los santuarios, el modelo de resistencia consiste de establecer, en nuestras ciudades y comunidades, la justicia que buscamos en toda la nación, estableciendo así un ejemplo de la causa para la cual luchamos. Al hacer esto estamos trabajando para sobrevivir los próximos cuatro años de Trump mientras que nos movilizamos para cambiar el liderato de la nación.

En el presupuesto que el Congreso ha acordado para los próximos seis meses, hay algo de noticias buenas.  Este presupuesto no contiene dinero para la muralla fronteriza de Trump ni para su “fuerza de deportación”.  Aun así las órdenes ejecutivas de Trump perjudican más a los latinos. Mientras que el presidente se muestra muy inconsecuente con respecto a mucha de las cosas que prometió durante las elecciones, se ha mantenido firme en su actitud de tratar a la comunidad latina como unos demonios.

Como tomamos nuestro lugar en las filas de la resistencia unida, no debemos olvidarnos de nuestra situación especial y la responsabilidad que la acompaña. Como latinos tenemos lazos especiales con nuestros países de origen.  De hecho a nos faltan de respeto al igual que faltan de respeto a aquellos países.  Esta discriminación existe no solo en el caso de los inmigrantes recién llegados sino también a personas latinas cuyas familias han vivido en los Estados Unidos durante muchas generaciones.

Como comprobante se deber tomar en cuenta la situación horrible de Puerto Rico, con la dependencia cruel y la privación impuesta a aquella isla por unos cuantos banqueros en Nueva York.  Los Estados Unidos trata a Puerto Rico, como a los otros países latinoamericanos, como su “patio trasero” donde el dueño puede hacer lo que le da la gana.

Los trastornos económicos, la corrupción política y la temible violencia en México y sus países vecinos han sido nutrido por las corporaciones y por el gobierno de los Estados Unidos. Nosotros resistimos la deportación porque regresar a aquellos países es a menudo una sentencia de muerte.  Pero al permanecer aquí, trabajando para sobrevivir y criar nuestras familias, nos tratan como delincuentes.

Nuestra situación especial nos da una responsabilidad especial.  Los boricuas en los Estados Unidos podrán tener una influencia fuerte en cancelar a la deuda que actualmente estrangula Puerto Rico. Muchos mexicanos tienen una ciudadanía doble y podemos desempeñar un papel clave tanto en remover al gobierno corrupto en México como en cambiar las políticas de los Estados Unidos.  Por cierto, personas de origen dominicano, haitiano, y centroamericano pueden luchar en la causa de aquellos países que luchan en contra de la dominación estadounidense.

Como van en aumento nuestros números y vamos adoptando una posición cada vez mas fuerte en los movimientos populares en este país, no solo podremos defendernos a nosotros mismos sino también a nuestros hermanos y nuestras hermanas en los países de nuestros antepasados.  A la vez hallaremos que aquellos países que expresan su independencia pueden servirnos como aliados poderosos en nuestras luchas dentro de los Estados Unidos.

Hemos marchado de nuevo: Con una actitud menos defensiva, con menos miedo si íbamos a llevar las banderas de nuestras naciones, mas decisivos en exigir que se respeten nuestros derechos, y con un espíritu de solidaridad más fuerte. En algún día en el futuro es posible que demos gracias al Sr Trump y su administración racista por habernos ayudado a entender la realidad que tenemos en común.

 

WE HAVE MARCHED AGAIN…

Elvira Arellano

 

We are stronger than we think. We have found our place among the many movements of resistance: from Black Lives Matter, to Health Care, to the environment, to the LGBTQ, to the movement for public education, to the Voting Rights movements. WE are no longer a stepchild, the last on the list and something for the Democratic Party give away in negotiations.

In fact, the declaration of Sanctuary Cities, of non-cooperation with unjust laws and policies, has become the model for the other movements of resistance. As we do in sanctuary, resistance means establishing in our cities and communities the justice we seek in the whoe natin, provding an example of what we are fighting for. In doing this we are working to survive the next years of Trump while we mobilize to change the leadership of this nation.

There is good news in the budget agreed to in Congress for the next six months. Tht budget contains no money for the Wall and no monies for Trump’s “Deportation force.” Still, Trump’s executive orders continue to come down hardest on Latinos. While the President flip flops on many of his campaign promises he has remained consistent in his demonization of the Latino community.

As we take our place in the overall resistance we should also remember our special responsibility and our special situation. As Latinos we are bound to our countries of origin in a special way. IN fact, we are treated with the same discrimination and disrespect with which our countries of origin are treated. This is true not only of recent immigrants and the undocumented but for Latinos that have been here for generations.

One has only to look at the terrible economic situation in Puerto Rico – and the cruel dependency and economic hardships that control of he Island by a bunch of bankers in New York is doing to the people there.  Like other countries in Latin America and the Caribbean, the U.s. treats them like they are part of their backyard – as if they can do with them as they wish.

The economic disruption, the political corruption and the terrible violence in Mexico has been nurtured and fed by U.S. corporate interests and the U.S. government like bad weeds in our countries of origin. We fight deportation because return to those countries is often a death sentence. Yet if we stay we are treated as criminals while we work to survive and raise our families.

Our special situation gives us special responsibilities. Puerto Ricans can have a major influence in canceling the debt under which the Island now is suffereing. Many Mexicans are dual citizens and we can have a part in cleaning out the corrupt government in Mexico as well as changing U.S. policies.  Certainly, Dominicans, Haitians and the people of Central American origin can be advocates for those countries as they struggle under U.s. domination.

As our numbers grow – and as we take a stronger position in progressive movements in the nation – we can not only defend ourselves but our brothers and sisters in the lands of our ancestors. In turn we will find that those countries that assert their independence can be powerful allies in our struggles in the U.S.

We marched. We were less defensive, less intimidated from carrying our own flags, more determined to demand our human rights and stronger in our solidarity. Some day we may thank Donald Trump and his racist administration for showing us.

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