Aprender, Enseñar   Learning and Teaching

January 20, 2017

 

Aprender, Enseñar   Learning and Teaching

Elvira Arellano  (Engish Version Follows)

 

 

He estado observando como los jóvenes se organizan para resistir a Trump y sus amenazas.   Muchos de ellos han experimentado el dolor de la deportación en sus propias familias.  Muchos son soñadores o amigos de soñadores que tienen porque temer que se les podría quitar todo lo que han logrado erguir en este país.  La mayoría de los jóvenes en nuestra organización son muy jóvenes, estudiantes de secundaria.  Se conocieron por medio de nuestro cuerpo de juventud de servicios de salud.  En aquel programa han aprendido prevenir las enfermedades que son la causa de la diferencia de 20 años de esperanza de vida entre nuestra comunidad y la comunidad anglosajona más acomodada.  Con la ayuda de estudiantes de medicina han hecho una obra de revisión médica de sus familias y vecinos y de luchar para que todos reciban el trato necesario. Se acuerdan que la reforma sanitaria de Obama no cubre los indocumentados, ni a muchos residentes legales permanentes.  Con sus 1,500 voluntarios, han aprendido servir y luchar, mientras que se maduraban como personas.  Nadie les pagó un centavo para prestar este servicio. Ahora se encuentran listos para entrar en combate para resistir la represión  con la cual Trump amenaza nuestra comunidad.  Tampoco alguien les paga para luchar. Este miércoles mientras que se lleve a cabo la coronación de Trump en Washington, estos jóvenes saldrán de sus escuelas y juntarse en el centro de la ciudad en forma de protesta.

Veo la experiencia que han ganado y admiro su valentía. Constituyen la próxima generación de nuestra lucha. Podemos aprender mucho de su entusiasmo y unidad.  También debemos enseñarles lo que hemos aprendido.  Al entrar en la lucha para parar las deportaciones y separaciones de familias, ya hace quince años, éramos como ellos.  Nuestras hijas y nuestros hijos luchaban al lado de nosotras.  Luego vinieron anglos con dinero, y todo de repente existían muchas organizaciones con personal de salario, abogados y oficinas. Ofrecieron cursos de capacitación, conferencias.  Me doy cuenta que mucho de esto se hizo con buenas intenciones.

Pero antes de la llegada del dinero, con nada excepto nuestra unidad y nuestro espíritu luchador, pudimos hallar amigos y aliados por dondequiera.  Marchamos con millones. Luego cuando marchábamos otra vez vimos las organizaciones delante de nosotros. Las pancartas que habíamos hecho a mano fueron reemplazadas por pancartas profesionalmente fabricadas, todas idénticas.  Muchos empleados de esas organizaciones eran de nuestra gente y experimentaban las mismas injusticias. Pero en momentos decisivos exhibieron una tendencia de aceptar términos medios.

Podemos aprender de esta próxima generación pero también debemos enseñarles lo que hemos aprendido.  El movimiento no es una carrera profesional.  Es un compromiso, una vocación que exige a su gente separar tiempo de sus trabajos, de sus escuelas, de sus familias para lograr la unidad. Es una vocación para las masas no una profesión para unos cuantos.   Podemos pasar lo que hemos aprendido a la próxima generación lo que hemos aprendido sobre los métodos de organización y lucha, pero lo que más importa enseñar es que la lucha para defender nuestra comunidad ha de ser una lucha de gente común y corriente, gente que se solidarizan en la lucha a la vez que luchan para sobrevivir.  Personas que encuentran puestos en organizaciones con fondos pueden ayudarnos mucho como vamos preparando nuestra defensa y nuestra resistencia, pero nosotros tenemos que depender de nuestros propios esfuerzos para poder sobrevivir en los años duros que vienen.  El movimiento requiere que mucha gente y no unos cuantos individuos se comprometan. 

 

Learning and Teaching    By Elvira Arellano

 

I have been watching as the young people organize themselves to resist Trump – and the things he had threatened to do. Many know the pain of deportation in their own families. Many are dreamers – or their friends – who fear the lives they have been building will be taken from them. Most of the young people in our organization are very young, still in high schools. They came together in our youth health service corps. In that program they learned to prevent the diseases that bring about a twenty year life expectancy gap between our community and more well-of anglo communities. They have been reaching out to screen their families and neighbors with the help of medical students – and then fighting to get the treatments they needed. They remember that Obama care did not cover the undocumented or most of the legal permanent residents. 1500 strong they learned to serve and struggle, even as they did all the growing up for their age. No one paid them to serve. Now they prepared to fight against the assault on our community that Trump promised. No one is paying them to fight. This Friday, while Trump is being crowned in Washington DC, they will walk out of school and gather downtown to rally in protest.

I see them gaining in experience. I admire their courage. They are the next generation in our struggle. We can learn from their enthusiasm – and their unity. We also need to teach them what we have learned. When we entered the struggle to stop the deportation and separation of our families, now fifteen years ago, we were like them. Our sons and daughters fought with us. Then came the anglos with the money. Suddenly there were many organizations with paid staff. They had resources, lawyers and offices. They offered trainings. They held conferences. I know that many were well intentioned.

Before the money came, with nothing but our unity and our Spirit, we found friends and allies everywhere. When we marched, we were in our millions. Then when we marched again we saw the organizations in the front of us. Our home made signs were replaced with hundreds of printed signs, all the same. Many of those on the staffs were our people, facing the same injustice we face. Yet when the time of choosing came, they compromised.

We can learn from this next generation – but we must also teach what we have learned. The movement is not a profession. It is not a career. It is a calling to those to take time from their families, from their work, from their schools, to join together. It is a calling to the many – not a profession for a few. We can pass on what we have learned about organizing, but the most important thing we can teach is that the movement to defend our community must be taken up by ordinary people, people of faith and commitment, people who struggle together in solidarity even while they struggle to survive. Those who find positions in well-financed organizations can be of great help as we prepare now our defense and our resistance, but we must depend on ourselves if we are to survive these next hard years. The movement requires commitment from the many as well as the few.

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